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La diplomacia habla en voz baja en Suiza, pero los motores rugen en el Mediterráneo. Mientras Washington y Teherán sostienen negociaciones formales, el despliegue militar estadounidense en torno a Irán dibuja un escenario que parece más preludio de ofensiva que gesto de disuasión.
El mensaje de los hechos

USS Gerald R. Ford avanza hacia el Mediterráneo oriental escoltado por destructores como el Mahan, Winston Churchill, Bainbridge y Thomas Hudner. El grupo de ataque podría posicionarse frente a Israel para garantizar superioridad aérea en caso de escalada. En paralelo, el submarino nuclear USS Georgia habría zarpado desde Kings Bay.
En el Mar Arábigo opera el grupo del USS Abraham Lincoln, mientras destructores patrullan el Mar Rojo y el Mediterráneo oriental. El puente aéreo —más de un centenar de vuelos de carga según reportes abiertos— sugiere algo más que una demostración simbólica de fuerza.
A ello se suman F-35 y F-15 en Jordania, F-22 en tránsito y aeronaves AWACS rumbo a Arabia Saudita. El volumen no es trivial. Tampoco lo es el calendario: el fin del Ramadán, la Copa Mundial 2026 en EE. UU. y las festividades religiosas regionales introducen variables políticas que cualquier estratega consideraría.
Teherán no está inmóvil

MANIOBRAS RUSO -IRANÍES
Mientras Washington mueve piezas, Irán responde con ejercicios navales junto a Rusia y China en el Estrecho de Ormuz, dentro de la serie anual “Cinturón de Seguridad Marítima”. La señal es doble: coordinación política y disuasión simbólica.
En Bandar Abbas y las islas estratégicas frente al estrecho, el IRGC ha ensayado ataques con misiles antibuque, drones y operaciones submarinas. El mensaje implícito: Ormuz no es solo una vía comercial, es un instrumento de presión geopolítica.
Al mismo tiempo, informes señalan el despliegue iraní del radar chino YLC-8B, capaz de detectar objetivos aéreos a más de 500 km. Su función no es ganar una guerra por sí solo, sino complicar el primer golpe enemigo, reducir el factor sorpresa y elevar el costo político de cualquier ataque.
El dilema del primer golpe

ALEGORÍA ARTÍSTICA
En círculos militares occidentales se debate la viabilidad de una campaña aérea intensa y breve: saturar defensas en 24–48 horas, degradar infraestructura crítica y reducir luego el ritmo operacional.
Sin embargo, el precedente ucraniano relativiza expectativas. Incluso miles de misiles y decenas de miles de drones no han destruido por completo la infraestructura de un Estado resiliente. Un eventual lanzamiento masivo de Tomahawk —aun en centenares— representaría solo una fracción de campañas recientes de alta intensidad.
El problema no es solo atacar, sino defender. Analistas estiman que Irán dispone de grandes reservas de drones Shahed y misiles antibuque. Una oleada masiva podría intentar saturar defensas navales estadounidenses antes de emplear vectores más sofisticados. El riesgo no es teórico: la Marina de EE. UU. ya ha enfrentado desafíos asimétricos en el Mar Rojo.
La variable británica y el tablero del Índico

BASE EN DIEGO RAMÍREZ
La tensión no se limita al Golfo. Reportes indican que Londres habría restringido el uso de ciertas bases para un eventual ataque, en medio de disputas sobre el archipiélago de Chagos y la base de Diego García. El debate involucra soberanía, derecho internacional y la proyección estratégica estadounidense en el Océano Índico.
El trasfondo es claro: cada teatro se conecta con otro. Europa, el Indo-Pacífico y Oriente Medio forman un sistema de vasos comunicantes. Cualquier redistribución de fuerzas deja huecos en otro punto del mapa.
“Promesa Verdadera” y la curva de aprendizaje iraní

Las operaciones previas entre Israel e Irán —incluida la serie denominada “Promesa Verdadera”— mostraron que Teherán ha mejorado precisión, sincronización y selección de objetivos. No obstante, persiste una limitación estructural: la reserva de misiles balísticos de mediano alcance capaces de penetrar profundamente en territorio israelí.
Esa brecha plantea un dilema estratégico. ¿Escalada intensa y corta, o desgaste prolongado? Mientras tanto, Washington y Tel Aviv también enfrentan restricciones en sus inventarios defensivos (THAAD, PAC-3), aunque con mayor capacidad de reposición vía OTAN y redes logísticas globales.
¿Disuasión o preludio?

EL GERALD FORD Y SU ESCOLTA
El despliegue puede leerse de dos maneras: presión máxima para forzar concesiones nucleares o preparación real para un golpe inicial seguido de repliegue parcial.
Pero la verdadera incógnita es política. Una guerra abierta arrastraría a actores regionales, sacudiría el mercado energético y podría abrir frentes indirectos en otras latitudes. No sería Irak 2003 ni Afganistán 2001. Sería un conflicto en una región más armada, más interconectada y con potencias externas directamente involucradas.
Entre portaaviones, radares UHF y cálculos de calendario religioso, Oriente Medio vuelve a situarse en el filo. La diplomacia aún no ha muerto. Pero hoy, el lenguaje dominante no es el de los comunicados conjuntos, sino el de las cubiertas de vuelo y los sistemas de alerta temprana.
Y cuando los hechos militares superan a las palabras diplomáticas, la historia suele acelerar
SANTIAGO DE CHILE, 21 DE FEBRERO DE 2026

Poder Geopolítico