Las fuerzas de Estados Unidos interceptaron y detuvieron este miércoles al buque comercial Marinera mientras navegaba en aguas internacionales del Atlántico Norte, en una operación que ya generó una fuerte reacción diplomática de Rusia.

El Ministerio de Transporte ruso calificó el operativo como una violación directa de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, mientras que la Cancillería rusa exigió a Washington garantizar un trato humano a la tripulación y facilitar su pronto regreso a sus países de origen.
Características del buque y su tripulación
El Marinera había sido fletado por un comerciante privado y operaba inicialmente bajo bandera de Guyana. A bordo viajaban 28 tripulantes: 17 ciudadanos ucranianos, 6 georgianos —entre ellos el capitán—, 2 ciudadanos rusos y 3 de nacionalidad india. Según la empresa propietaria, la nave se utilizaba exclusivamente con fines comerciales y no transportaba carga en el momento del incidente.
El origen del conflicto
De acuerdo con la versión estadounidense, el buque se encontraba en cercanías de Venezuela cuando la Guardia Costera de EE.UU. ordenó que se dirigiera a un puerto bajo control estadounidense. Washington justificó la exigencia alegando que no había recibido confirmación de Guyana sobre la validez del pabellón bajo el cual navegaba la embarcación.
El capitán del Marinera rechazó la orden, cambió de rumbo y puso proa hacia el Atlántico Norte. Durante la persecución, el buque cambió de nombre y obtuvo un registro temporal bajo bandera rusa, emitido por la capitanía del puerto de Sochi. Moscú sostiene que este permiso fue concedido conforme a su legislación interna y a las normas del derecho internacional.
Abordaje y detención
La empresa rusa BurevestMarin denunció el intento de intercepción y aseguró que, pese a los reiterados esfuerzos del capitán por comunicar la naturaleza civil del buque y su registro ruso, la persecución continuó con apoyo de aeronaves de reconocimiento P-8A Poseidon de la Armada estadounidense.
Finalmente, al día siguiente, efectivos de la Guardia Costera de Estados Unidos abordaron y detuvieron la nave. El Comando Europeo de las Fuerzas Armadas de EE.UU. (EUCOM) confirmó la operación y acusó al buque de violar las sanciones impuestas por Washington.
El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, afirmó que “el bloqueo del petróleo venezolano sancionado e ilícito sigue plenamente vigente en cualquier parte del mundo”. En la misma línea, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, señaló que la administración estadounidense pretende llevar a juicio a la tripulación del buque.
Respuesta de Moscú
Rusia reiteró que el Marinera contaba con un permiso válido para navegar bajo su bandera y recordó que, según la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar de 1982, en aguas internacionales rige el principio de libertad de navegación y ningún Estado puede emplear la fuerza contra buques debidamente registrados en la jurisdicción de otro país.
El Ministerio de Relaciones Exteriores ruso exigió garantías inmediatas para la tripulación, en especial para los ciudadanos rusos a bordo, y aseguró que seguirá de cerca la evolución del caso. Moscú afirmó que utilizará todos los mecanismos diplomáticos disponibles para proteger a sus ciudadanos y defender lo que considera una vulneración grave del derecho internacional.
Aviones de patrullaje marítimo P-8A Poseidon de la Armada de Estados Unidos intervinieron este miércoles para disuadir a un submarino ruso que escoltaba al tanquero M/V Bella 1 en el mar del Norte, en las proximidades de Escocia.

Según fuentes militares, la presencia aérea estadounidense obligó al submarino ruso a retirarse del área, despejando el camino para que el buque comercial fuera finalmente incautado. La operación se llevó a cabo por orden directa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el marco de la aplicación de sanciones energéticas y medidas de control marítimo impulsadas por Washington.
El incidente se suma a una serie de acciones recientes que elevan la tensión naval entre Estados Unidos y Rusia en aguas internacionales, particularmente en rutas estratégicas del Atlántico Norte, donde el despliegue de medios aéreos y submarinos se ha intensificado en los últimos meses.
SANTIAGO DE CHILE, ENERO DEL 26

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