¿RIESGO DE UNA CANDIDATURA TESTIMONIAL?
La inscripción de la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de Naciones Unidas no solo abre una interrogante sobre su viabilidad real. Abre algo más grave: deja en evidencia una decisión de política exterior tomada sin planificación de Estado, sin coordinación entre el gobierno saliente y el entrante, y con un riesgo alto de terminar en una derrota diplomática ruidosa para Chile, frente a una Argentina que sí leyó el tablero global.

A 39 días de dejar La Moneda, el Presidente Gabriel Boric anunció la candidatura junto a Brasil y México, en una puesta en escena sin preguntas de la prensa y sin respaldo explícito del Presidente electo, José Antonio Kast. La señal hacia afuera fue inmediata: Chile no actúa como Estado, actúa como gobierno de salida.
Política exterior sin continuidad
En diplomacia de alto nivel, especialmente cuando se trata del cargo más importante del sistema multilateral, la continuidad es clave. Las candidaturas exitosas a la ONU no se lanzan en el último tramo de un mandato ni se anuncian sin el apoyo explícito del próximo Presidente. Se construyen durante años, con acuerdos transversales y con una narrativa clara de política de Estado.
Nada de eso ocurrió aquí.
No está claro si Kast fue informado oportunamente de que Bachelet sería presentada como la candidata no solo de Chile, sino también de Brasil y México. Tampoco está claro si Lula da Silva comunicó su respaldo durante su reciente encuentro con el Presidente electo. Lo que sí está claro es que la candidatura nace tensionando la transición, no ordenándola.
Ese dato, en Nueva York, pesa.
Una candidatura políticamente marcada

Más allá del nombre de Bachelet, la forma y el marco de la postulación importan. Al presentarse como la carta de un eje Lula–Sheinbaum, ambos críticos de Donald Trump, la candidatura queda inevitablemente asociada a un polo ideológico, en un momento en que Estados Unidos mantiene poder de veto y ha mostrado una hostilidad creciente hacia el multilateralismo tradicional.
No se trata de simpatías personales. Se trata de realismo político.
En el Consejo de Seguridad, no gana quien tiene más respaldo simbólico, sino quien no genera vetos. Y hoy, Bachelet genera resistencias evidentes en Washington, tanto por su historial en derechos humanos como por el contexto geopolítico posterior a Venezuela.
Argentina leyó mejor el escenario

Mientras Chile improvisa, Argentina actuó con cálculo frío. Javier Milei presentó la candidatura de Rafael Grossi, director del OIEA: un perfil técnico, sin carga ideológica, con diálogo fluido con Estados Unidos, Europa e Israel.
Grossi no entusiasma a las galerías, pero no incomoda a las grandes potencias. Y en la ONU, esa es la principal virtud.
El contraste es evidente:
- Chile ofrece una figura política de alto perfil, asociada a un eje regional confrontacional.
- Argentina ofrece un tecnócrata funcional al equilibrio de poder global.
Si el resultado es el esperable —bloqueo o descarte temprano de Bachelet y avance de Grossi u otro perfil similar—, Chile no solo perderá una elección. Perderá prestigio.
De la señal política a la derrota diplomática

El riesgo no es solo que Bachelet no gane. El riesgo es que la candidatura termine siendo testimonial, una señal ideológica de despedida del gobierno de Boric, más que una apuesta realista por el liderazgo multilateral.
En ese escenario, Chile queda expuesto como un país que:
- No coordinó su política exterior en la transición.
- No leyó correctamente el equilibrio de poder internacional.
- Apostó por épica donde se requería cálculo.
- Y perdió frente a su principal vecino regional en una disputa simbólica de alto nivel.
Una derrota frente a Argentina en este plano no es menor. Es una derrota de estatus, de influencia y de credibilidad diplomática.
Conclusión
La candidatura de Bachelet no fracasa —si fracasa— por su trayectoria personal. Fracasa por cómo y cuándo fue lanzada. Fracasa porque no fue una decisión de Estado, sino una decisión de cierre de gobierno. Y en diplomacia, las improvisaciones no se pagan en titulares: se pagan en silencio, en votos y en vetos.
Chile todavía está a tiempo de ordenar su política exterior. Pero si insiste en sostener una candidatura sin respaldo transversal y sin viabilidad real, corre el riesgo de transformar una apuesta simbólica en una derrota internacional bullada, con Argentina celebrando y Chile explicando.
SANTIAGO DE CHILE, 2 DE FEBRERO DE 2026

Poder Geopolítico