Por qué Chile debe apostar por la energía nuclear civil: soberanía, seguridad y futuro

Por qué Chile debe apostar por la energía nuclear civil: soberanía, seguridad y futuro

Por Redacción | PoderGeopolitico.com

Chile enfrenta un desafío energético de proporciones históricas. En medio de una crisis hídrica estructural, con embalses periódica y reiteradamente al mínimo, y con acuíferos sobreexplotados y glaciares en peligro, y en un escenario global marcado por la competencia por recursos estratégicos y las exigencias y presiones occidentales de descarbonización, ha llegado la hora de tomar decisiones estructurales y no solo estéticas.

Entre ellas, incorporar la energía nuclear civil como parte de nuestra matriz energética ya no es una posibilidad teórica, sino una necesidad urgente.

1. La falsa promesa de la autosuficiencia solar

Durante la última década, Chile ha sido presentado como líder en energías renovables no convencionales. Y es cierto: el país ha desplegado una red importante de plantas solares y eólicas, sobre todo en el norte. Pero esas fuentes no son capaces de entregar energía base de forma constante y estable. Son intermitentes, dependen del clima, y requieren sistemas de respaldo costosos.A diferencia de la energía nuclear , la solar necesita una gran superficie para generar volúmenes comparables de electricidad, lo que no siempre es eficiente ni sostenible en un país con geografía diversa y limitada disponibilidad de terrenos planos y conectados.

La energía solar no puede sostener una red ferroviaria nacional, alimentar una refinería de cobre o un centro de datos estratégico las 24 horas del día, mucho menos en invierno o de noche. Las baterías de almacenamiento todavía son caras y contaminantes en su producción. Persistir exclusivamente en este modelo es condenarse a la dependencia del gas natural importado, o a retroceder y ceder en la seguridad del suministro.

2. Energía nuclear = energía soberana

A diferencia de las fuentes renovables intermitentes, la energía nuclear entrega energía continua, de alta densidad y sin emisiones de carbono. Un solo reactor puede alimentar ciudades enteras o polos industriales sin depender del clima ni del agua en embalses.

En un país que importa más del 90% de los combustibles fósiles que consume, y que sufre sequía permanente, la energía nuclear representa una opción de soberanía energética concreta. Es, además, la única fuente limpia que puede sustituir masivamente al carbón sin poner en riesgo la estabilidad de la red eléctrica nacional.

3. Seguridad y tecnología: el mito del miedo

Quienes se oponen a la energía nuclear civil suelen invocar los fantasmas de Chernóbil o Fukushima. Pero omiten que la tecnología nuclear ha evolucionado radicalmente, y que los países más desarrollados siguen apostando por ella. Francia obtiene más del 70% de su electricidad de plantas nucleares. Corea del Sur, Finlandia, Canadá, Japón y China están ampliando su capacidad nuclear.

Además, los nuevos reactores modulares (SMR) ofrecen soluciones más seguras, económicas y adaptables a países como Chile: son más pequeños, más fáciles de instalar, y pueden operar en zonas remotas, como polos mineros, puertos o zonas militares.

4. Una oportunidad industrial y científica

Desarrollar energía nuclear civil no solo significa tener energía limpia. También implica un salto cualitativo para el país: creación de empleo técnico especializado, fortalecimiento del sistema científico, y desarrollo de una industria de componentes, servicios y monitoreo.

Chile ya cuenta con instituciones como la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN), el reactor RECH-1 en La Reina y profesionales capacitados. Lo que falta es voluntad política y una hoja de ruta clara.

5.¿Y los terremotos? El argumento sísmico, explicado

Uno de los temores más extendidos respecto a la energía nuclear en Chile es su supuesta incompatibilidad con un país sísmico. El recuerdo de Fukushima en Japón en 2011 alimentó esa narrativa. Pero aquí es fundamental separar mito de realidad.

Primero, Fukushima no falló por un terremoto. El sistema resistió perfectamente el sismo de magnitud 9, uno de los más poderosos jamás registrados. Lo que colapsó fue el sistema de refrigeración tras un tsunami de 14 metros que superó las barreras costeras. Y aún así, la fuga fue contenida con protocolos que evitaron una catástrofe mayor.

Segundo, Chile —como Japón o Corea del Sur— es plenamente capaz de construir infraestructuras críticas con estándares antisísmicos de primer nivel. Los edificios, puentes y embalses lo prueban todos los años. Existen reactores diseñados específicamente para regiones sísmicas, con bases antisísmicas, sistemas de apagado automático y múltiples redundancias de seguridad.

Tercero, los nuevos reactores modulares pequeños (SMR) —que países como Canadá, Estados Unidos, Corea y Francia están comenzando a exportar— pueden enterrarse parcialmente, operar bajo tierra, y tener sistemas pasivos de enfriamiento sin intervención humana, incluso ante eventos extremos.

Chile ya opera reactores nucleares de investigación en zonas urbanas (como el RECH-1 en Santiago) desde hace más de 50 años, sin incidentes, con supervisión nacional e internacional.

En otras palabras:
el problema no es la sismicidad. El problema es no prepararse, no actualizarse, y seguir usando ese temor como excusa para evitar discutir soluciones reales.

La tecnología nuclear moderna no le teme a los terremotos. Lo que debe temerse, más bien, es seguir dependiendo de combustibles fósiles, importar electricidad desde países vecinos, o que falte luz y agua porque el sol no salió un día de invierno.

6. No hay transición energética sin firmeza estratégica

Chile no puede hablar de transición energética ni de desarrollo industrial sin energía abundante, estable y limpia. Si queremos procesar nuestro propio litio, producir baterías, fundir cobre en el país, y mantener la infraestructura digital del futuro, no podemos depender exclusivamente del sol, el viento y el gas argentino.

La energía nuclear es hoy una herramienta de soberanía, una opción climática racional y un vehículo de desarrollo científico-industrial. Es momento de que Chile deje atrás los prejuicios del siglo XX y se atreva a pensar como país del siglo XXI.


La energía nuclear no es una amenaza. Es una oportunidad. Y una necesidad.

SANTIAGO DE CHILE,JULIO 2025

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