En la madrugada del 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva militar conjunta contra Irán, en lo que ya se perfila como la mayor escalada regional de los últimos años. La operación, bautizada por Washington como Operation Epic Fury, se produjo apenas días después del colapso de negociaciones nucleares indirectas en Ginebra, mediadas por Kuwait y Omán.

La simultaneidad entre diplomacia y bombardeos marca el tono de la crisis. Mientras las delegaciones discutían fórmulas de distensión, los preparativos militares avanzaban en paralelo. No es la primera vez que Washington combina presión diplomática con fuerza militar; para Teherán, el mensaje es inequívoco.
Ataques y represalias
Según reportes iniciales de Reuters y The Guardian, fuerzas estadounidenses e israelíes ejecutaron ataques aéreos y con misiles contra instalaciones estratégicas iraníes, incluyendo objetivos vinculados al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y zonas cercanas a Teherán.
La respuesta iraní fue inmediata: lanzamiento de misiles contra objetivos israelíes y contra bases estadounidenses en el Golfo Pérsico. Informes citados por Al Jazeera señalan impactos en países que albergan presencia militar de EE. UU., entre ellos Bahréin, Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
Las primeras cifras hablan de víctimas civiles y militares. Reportes preliminares mencionan decenas de muertos, incluidos menores, tras el impacto de misiles en el sur de Irán.
La narrativa de Washington y la reacción iraní
El presidente Donald Trump defendió la ofensiva como una acción para “eliminar amenazas inminentes” vinculadas al programa nuclear y de misiles iraní. Desde Teherán, las autoridades calificaron el ataque como una agresión directa y prometieron una respuesta proporcional y sostenida.
La escena evoca una paradoja histórica: ataques lanzados mientras los canales diplomáticos aún no se habían enfriado. Algunos analistas ya trazan analogías con momentos en los que una ofensiva sorpresa cambió el rumbo geopolítico mundial, como el ataque japonés a Pearl Harbor en 1941. En aquel entonces, la ruptura abrupta entre diplomacia y acción militar redefinió alianzas y abrió una guerra total. La comparación no implica equivalencia histórica, pero sí subraya el riesgo de escaladas imprevisibles cuando la fuerza irrumpe en medio de procesos de negociación.
Reacciones internacionales
La Unión Europea ha pedido contención inmediata y retorno al diálogo, aunque sin una posición unificada respecto a la legitimidad de la operación. Varios gobiernos han cerrado espacios aéreos y reforzado la seguridad en la región, mientras los mercados energéticos reaccionan con volatilidad.
Un conflicto con raíces profundas
La tensión entre Washington y Teherán no es nueva. Décadas de desconfianza, sanciones, sabotajes, operaciones encubiertas y disputas en torno al programa nuclear han creado un terreno fértil para la confrontación. Las protestas internas en Irán desde finales de 2025 y la presión internacional sobre su capacidad nuclear habían elevado la temperatura política en los últimos meses.
La ofensiva actual abre un escenario incierto: desde intercambios limitados hasta una guerra regional de mayor escala con impacto global en energía, comercio y seguridad internacional.
Lo que queda claro es que la diplomacia ha quedado eclipsada por los misiles. Y cuando la historia muestra que las hostilidades se inician mientras aún se habla de paz, el mundo suele pagar un precio elevado.El dron kamikaze iraní Shahed 136 ha alcanzado un radar de EE.UU. en Catar en medio de la escalada en Oriente Medio tras los ataques de Washington y Tel Aviv contra la nación persa. El video del impacto fue publicado por la agencia Mehr.
SANTIAGO DE CHILE, 28 DE FEBRERO 2026

Poder Geopolítico