¿QUIÉN GANÓ LA GUERRA?

La batalla terminó. La disputa por el nuevo orden mundial apenas comienza.

Durante décadas, la historia enseñó que las guerras terminaban con una victoria clara: un ejército derrotado, un tratado de paz y un nuevo equilibrio de poder. El reciente enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán demuestra que esa lógica pertenece cada vez más al pasado.

La guerra concluyó sin una rendición formal, sin ocupación territorial y sin un cambio de régimen en Teherán. Sin embargo, dejó una pregunta que divide a analistas y estrategas de todo el mundo: ¿quién ganó realmente?

La respuesta depende del nivel en que se observe el conflicto.

Desde el punto de vista militar, Estados Unidos logró imponer una clara superioridad tecnológica y operacional. Sus ataques alcanzaron objetivos estratégicos, demostrando una capacidad de proyección de fuerza que ninguna otra potencia posee actualmente. Washington envió un mensaje inequívoco: sigue siendo el actor militar más poderoso del planeta.

Pero la guerra no se define únicamente por la destrucción de objetivos militares.

Irán resistió el embate, preservó la continuidad de su régimen político y mantuvo una parte importante de su capacidad de disuasión. No hubo una capitulación, ni un colapso del Estado, ni la instalación de un gobierno favorable a Occidente. Para Teherán, sobrevivir frente a la mayor potencia militar del mundo constituye, por sí solo, una victoria política.

Esta diferencia entre victoria táctica y resultado estratégico explica por qué ambos gobiernos proclamaron haber triunfado.

Washington puede exhibir una campaña militar exitosa. Teherán puede afirmar que frustró los objetivos políticos de su adversario.

Sin embargo, el conflicto deja una consecuencia de mayor alcance.

La guerra aceleró la transformación del sistema internacional. Demostró que incluso la supremacía militar estadounidense encuentra límites cuando enfrenta a Estados capaces de absorber el costo de una confrontación prolongada y respaldados, directa o indirectamente, por otras grandes potencias.

China observó cuidadosamente el desarrollo de las operaciones. Rusia reforzó su cooperación estratégica con Irán. Diversos países del Sur Global evitaron alinearse plenamente con alguno de los bandos, reflejando un escenario internacional mucho más fragmentado que el existente hace apenas una década.

Más que definir un ganador absoluto, la guerra confirmó que el mundo atraviesa una transición histórica.

Las futuras confrontaciones difícilmente terminarán con desfiles de victoria. Serán conflictos híbridos, económicos, tecnológicos, informativos y militares, donde la capacidad de resistir puede ser tan importante como la capacidad de destruir.

En ese contexto, la pregunta deja de ser quién ganó la guerra entre Estados Unidos e Irán.

La verdadera interrogante es si este conflicto marca el inicio de una nueva era geopolítica.

Todo indica que sí.

La guerra entre Washington y Teherán podría pasar a la historia como el enfrentamiento que evidenció el agotamiento definitivo del orden unipolar surgido tras el fin de la Guerra Fría y aceleró la consolidación de un mundo multipolar, más competitivo, más inestable y considerablemente más peligroso.

La batalla aparentemente terminó.

La disputa por el nuevo orden mundial apenas comienza.

SANTIAGO DE CHILE 4 DE JULIO DE 2026

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