
China parece estar llevando la “guerra de los contenedores” a un nivel completamente nuevo. Imágenes satelitales recientes muestran al portacontenedores Zhongda 79, un barco de 97 metros en un astillero de Shanghái, equipado con misiles en contenedores, radares avanzados, sistemas de defensa cercana y contramedidas electrónicas. En otras palabras, un buque civil que podría convertirse en un arsenal flotante capaz de disparar salvas sorpresa.
Este experimento encaja en la estrategia de fusión militar-civil (MCF) de China: usar la gigantesca flota mercante y pesquera del país como plataformas de ataque, aumentando el número de lanzadores sin levantar sospechas. Cada buque armado podría disparar hasta 60 misiles, y aunque eso es menos que un crucero Tipo 055 chino, multiplicar estos buques en el mar podría saturar cualquier defensa y cambiar las reglas del juego en un enfrentamiento con Taiwán o EE. UU.

El secreto está en la sorpresa. Los misiles podrían dispararse desde contenedores camuflados entre carga ordinaria, desde puntos inesperados, y expandir la letalidad distribuida de China sin depender de su fuerza aérea o su flota de misiles de largo alcance. Según analistas, la ventaja numérica en la guerra naval suele ser decisiva, y con 5.600 buques mercantes y decenas de miles de pesqueros, China podría crear un océano de plataformas de lanzamiento.

Sin embargo, hay riesgos: los buques civiles no están diseñados para combates de alta intensidad, y su coordinación requiere inteligencia, vigilancia y control impecables. Aun así, la historia muestra que incluso flotas improvisadas pueden ser sorprendentemente resistentes: durante la guerra Irán-Irak, más de 400 buques mercantes fueron atacados y solo un cuarto fue destruido.

En la imagen el modelo ruso: el misil Caliber
Estados Unidos no se queda quieto. Con su proyecto MASC, busca adaptar buques comerciales y no tripulados para desplegar armas modulares de ataque rápido, siguiendo una lógica similar a la china. Pero los problemas crónicos de construcción naval —retrasos, sobrecostos, infraestructura envejecida y escasez de mano de obra— podrían poner a EE. UU. en desventaja frente a la capacidad de China de armar lo que ya posee.
En esta carrera, no se trata solo de quién tiene más misiles, sino de quién puede sorprender primero. Y China parece estar apostando a que la próxima batalla naval en el Pacífico podría comenzar desde un contenedor cualquiera.
Santiago de Chile, 10 de enero de 2026

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