La Empresa Nacional de Aeronáutica de Chile (ENAER), compañía estatal encargada del desarrollo, fabricación y mantenimiento de aeronaves, presentó oficialmente el nuevo entrenador básico T-40 Newen. El hito marca un avance clave en la modernización de la aviación militar chilena y, al mismo tiempo, en la consolidación de su base industrial aeronáutica.

El programa, diseñado y desarrollado en el país, refleja un salto cualitativo en las capacidades locales de ingeniería y producción. Más allá de responder a las necesidades de la Fuerza Aérea de Chile, el T-40 nace con una clara vocación exportadora, posicionándose como una plataforma competitiva en el mercado internacional de entrenamiento básico.
Cuatro décadas en el aire no pasan en vano. El T-35 Pillán, columna vertebral del entrenamiento básico de la Fuerza Aérea de Chile, acumula más de 300.000 horas de vuelo y miles de pilotos formados en ocho países. Pero el desgaste operativo y la obsolescencia tecnológica comienzan a cerrar su ciclo.
Su reemplazo ya está en marcha: el T-40 Newen. Y no es solo un avión nuevo, sino un cambio de paradigma.
La presentación oficial, realizada el 7 de abril en la Base Aérea El Bosque, reunió a las máximas autoridades del país y al alto mando de la Fuerza Aérea. Allí se exhibió el prototipo “00”, un banco de pruebas estático que será enviado al extranjero —probablemente a Estados Unidos o Brasil— para ensayos estructurales. El primer vuelo, a cargo del prototipo “01”, está proyectado para 2027.

El Newen toma la base conceptual del Pillán, pero redefine casi todos sus componentes. Incorpora ala con winglets desmontables, amplio uso de materiales compuestos como fibra de carbono y aviónica de última generación. Su configuración es flexible: puede operar con un motor de pistón Lycoming de 315 hp, enfocado en entrenamiento acrobático, o con un turbohélice Rolls Royce de 420 hp, orientado a una versión más avanzada con potencial para integrar sensores y armamento ligero.

Con un peso máximo de despegue de entre 1,38 y 1,59 toneladas, autonomía de hasta cinco horas con tanques externos y asientos eyectables Martin Baker Mk17 —una característica poco habitual en su categoría—, el T-40 apunta a elevar el estándar del entrenamiento básico.
Pero el verdadero salto está fuera del avión. El Newen forma parte de un “Sistema de Entrenamiento Integrado” que incluye simuladores con realidad virtual, planificación de misiones, control en tiempo real y análisis post-vuelo. El objetivo es claro: acortar la brecha entre la instrucción inicial y la transición a cazas de cuarta y quinta generación. Desde el primer día, los pilotos entrenan con lógica de combate.
El programa contempla 33 aeronaves para la Fuerza Aérea de Chile, con una inversión estimada de 142 millones de dólares. El contrato ya está firmado, a la espera de financiamiento. En paralelo, la Armada evalúa una variante turbohélice para reemplazar su flota de entrenamiento.

El interés internacional refuerza el peso del proyecto. Delegaciones de África, Europa y América Latina ya han sido informadas, mientras que países como España —operador histórico del Pillán— siguen de cerca su evolución. Incluso el Reino Unido evalúa opciones para renovar sus entrenadores básicos, y el Newen ya está en el radar. Según el medio argentino especializado Pucará.org, ENAER también ha sostenido conversaciones con Vietnam, ampliando el alcance potencial del programa hacia el sudeste asiático.
A medida que el programa avanza, el T-40 deja de ser solo el sucesor de una aeronave emblemática y pasa a convertirse en el punto de partida de una nueva etapa para la aviación chilena. El proyecto articula innovación tecnológica, capacidades industriales propias y proyección internacional, posicionando a Chile no solo como usuario, sino como un actor con peso en el diseño y desarrollo de sistemas de entrenamiento aeronáutico.
NOTAS DE LA REDACCIÓN:

NOTAS DE LA REDACCIÓN:
Oportunidades operativas
Dada la expectación despertada por este producto es pertinente preguntarse: si proyectos como el ENAER T-40 Newen comienzan a adquirir una relevancia que trasciende su rol original como entrenador básico. La evolución del campo de batalla —marcado por la proliferación de drones de bajo costo y alta disponibilidad— abre la puerta a plataformas livianas, versátiles y económicamente sostenibles para misiones de vigilancia, intercepción y neutralización de amenazas no tripuladas. Aunque el T-40 aún no está concebido como una plataforma de combate, su posible evolución —especialmente en una versión turbohélice— ¿podría alinearse con este nuevo nicho operativo?
Autonomía estratégica
Más allá de sus prestaciones, el T-40 representa algo mayor: la consolidación de una industria aeronáutica nacional capaz de diseñar, producir y sostener un sistema completo de formación. En un contexto global donde la autonomía tecnológica se vuelve estratégica, Chile apuesta por algo más que un avión: apuesta por autonomía estratégica.
SANTIAGO DE CHILE 11-4-2026


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