La guerra aérea en el conflicto entre Rusia y Ucrania atraviesa un punto de inflexión crítico. El despliegue por parte de Moscú de una nueva generación de drones de largo alcance propulsados por reactores está socavando significativamente la capacidad ucraniana para proteger sus ciudades y espacios aéreos estratégicos.
El impacto táctico del Geran-5

Entrevistado por el Financial Times a mediados de septiembre, el coronel Yuriy Ihnat, portavoz de la Fuerza Aérea Ucraniana, reveló una preocupante brecha en la efectividad defensiva: Ucrania apenas logra interceptar alrededor del 60% de los ataques del nuevo Geran-5, una cifra que contrasta drásticamente con la tasa de derribo del 95% que las defensas ucranianas consiguen frente a variantes anteriores de drones.
Con un fuselaje cilíndrico y alas rectas que asemejan su perfil al de un misil de crucero, el Geran-5 destaca por prestaciones técnicas superiores:
- Alcance: Hasta 1.000 kilómetros.
- Altitud máxima: Alrededor de 6.000 metros.
- Velocidad: Estimada en unos 600 kilómetros por hora.
- Autonomía: Incorpora capacidades antiinterferencias y, según el experto militar ruso Yuri Knutov, visión artificial conectada a un mapa digital del terreno para identificar y seleccionar objetivos de forma independiente.
Ante la dificultad de frenar esta amenaza con los medios terrestres convencionales, el coronel Ihnat confirmó que la Fuerza Aérea se ha visto obligada a hacer un uso «muy intensivo» de sus aviones de combate, cuyos pilotos deben interceptar y derribar directamente los aparatos en pleno vuelo.
La escalada tecnológica: De la hélice al motor a reacción

Desde la invasión a gran escala en 2022, el uso del espacio aéreo ucraniano ha mutado constantemente. Tras una fase inicial de combates aéreos directos, el desgaste mutuo impulsó tácticas de largo alcance. Si bien en 2023 proliferaron las bombas planeadoras rusas, fueron los drones los que se consolidaron como la herramienta principal del poder aéreo por su bajo coste de producción y ausencia de riesgo humano.
Durante años, los pilares del arsenal ruso de largo alcance fueron el Geran-1 y el Geran-2 (versiones mejoradas del Shahed-136 iraní), impulsados por hélice y altamente vulnerables debido a su baja velocidad. Sin embargo, la espiral tecnológica avanzó velozmente:

- 2025 (Geran-3): Primer dron a reacción, con 330 km/h y 600 km de alcance.
- Finales de 2025 (Geran-4): Velocidad aumentada a 500 km/h y un alcance de 850 km.
- Agosto de 2026 (Geran-5): Consolidación de la propulsión a reacción con mayor velocidad y un radio de acción extendido.
Cadenas de suministro globales y presión sobre Occidente
Investigaciones de la inteligencia militar ucraniana señalan que la cadena de suministro del Geran-5 depende en gran medida de componentes extranjeros. El análisis de sus restos ha permitido identificar motores a reacción de origen chino, procesadores digitales fabricados en Estados Unidos y transistores alemanes. Esto evidencia que Moscú ha logrado establecer redes comerciales eficaces para sortear las sanciones occidentales y adquirir tecnología disponible en el mercado internacional antes de ensamblar los sistemas en territorio ruso.
A esto se suma la capacidad de producción en masa del Kremlin, orientada a acumular existencias de cara a las campañas de otoño e invierno.

Para Kiev, el desafío es contrarreloj. Las reservas de misiles tierra-aire y aire-arte Patriot —proporcionados por Occidente y catalogados como el único medio verdaderamente eficaz para abatir al Geran-5— se están agotando rápidamente. Como advirtió en agosto el subdirector de la inteligencia militar ucraniana, el general de división Vadym Skibitskyi, el país necesita urgentemente nuevos misiles interceptores dotados de la velocidad adecuada para neutralizar esta nueva amenaza supersónica.
SANTIAGO DE CHILE,OCTUBRE 2026

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